
Nos llegó al Observatorio, por gentileza de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), el libro de Germán Rey titulado “Industrias Culturales, Creatividad y Desarrollo”. El libro es parte de la colección “Cultura y Desarrollo” editada por dicha institución, dependiente del del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España. La publicación y el resto de la colección puede descargarse en http://www.aecid.es/web/es/publicaciones/Documentos/monografias
Germán Rey realizó estudios de Psicología en la Universidad Nacional de Colombia y se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid. Asesora al Ministerio de Comunicaciones de Colombia en proyectos de comunicación y cultura, gestión cultural e industrias culturales, entre otras dependencias del sector público vinculadas estos temas. Entre sus principales publicaciones, se cuentan “Cultura y desarrollo: Seis perspectivas de análisis”, “El consumo cultural en Chile. Miradas y perspectivas” e “Impacto de las industrias culturales en Colombia”. Sus principales áreas de interés son las Industrias Culturales, la diversidad creativa, la economía de la cultura y políticas culturales.
Ya el título da cuenta de la pluralidad de denominaciones y enfoques, de las industrias culturales y la creatividad, que tiene lugar en la actualidad para este conjunto de actividades. Pero, más allá de las etiquetas, existe un consenso unánime acerca de la fuerte relación entre estas actividades y el desarrollo económico en las últimas décadas.
Por otra parte, más allá de la dimensión económica, el autor subraya que los emprendimientos culturales, además de contribuir al desarrollo de sus comunidades, constituyen una manera de representarse e imaginarse a sí mismas. A continuación les transcribimos un fragmento del libro donde se tratan las (difíciles) relaciones entre cultura y desarrollo y otro donde se respalda esta relación con cifras:
“No han sido fáciles las relaciones entre cultura y desarrollo. Basta recorrer el camino de su representación en algunos documentos de organismos internacionales para percibir las vicisitudes de una asociación complicada por las incomprensiones y las distorsiones. Hacia la mitad del siglo pasado, la cultura se llegó a ver como un bloqueo al desarrollo. Las diferencias y las particularidades culturales parecían atravesarse en el camino de la modernización, del acercamiento de los países de la periferia a los modelos centrales y de las idealizaciones que en ese momento se tenían del progreso. Era explicable que, ante una idea del desarrollo afianzada en unos parámetros generales que se debían alcanzar a través del crecimiento económico, los procesos y manifestaciones de la cultura fueran visto como peligrosamente idiosincrásicos (…) Sólo hasta hace unas décadas, los vínculos entre cultura y desarrollo se estrecharon (…) más, hasta llegar a entender que entre las dos realidades humanas hay unas interacciones imprescindibles.”
“Ya son muchos los estudios que muestran el impacto que tienen las industrias creativas en el producto interno de los países. En América Latina ha sido calculado entre el 2% y el 6%, lo que significa que tienen un peso significativo y en algunos casos creciente en las realidades financieras de la región. Según la UNESCO, se estima que las industrias culturales conforman cerca del 7% del producto interno bruto mundial y que la cuantía de sus importaciones y exportaciones, prácticamente se duplicó entre los años 1994 y 2002, al pasar de 39,9 a 59,2 billones de dólares.”
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